Del ruido al criterio: cómo usar la IA sin caer en el workslop
- Ana Lopez

- hace 6 días
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En la conversación sobre inteligencia artificial se suele repetir una idea: “Cada día que usas IA para evitar pensar, es un día que te vuelves más reemplazable”. Yo lo veo justo al revés.
La IA no es una muleta para dejar de usar la cabeza, sino un gimnasio mental para ejercitarla mejor. Bien usada nos permite explorar caminos que antes ni se nos ocurrían y ampliar la capacidad de análisis para tomar decisiones con más perspectiva. No sustituye el criterio, lo amplifica. La brújula sigue siendo humana: un líder auténtico no entrega su juicio a la máquina, sino que integra la herramienta sin perder el norte.
Ahora bien, un reciente estudio publicado en Harvard Business Review por investigadores de Stanford y BetterUp Labs pone sobre la mesa el otro lado de la historia. Allí acuñaron el término “workslop” para describir el contenido generado por IA que parece profesional, pero que no sirve para nada y termina creando más trabajo que el que resuelve. Según los datos, el costo es de 186 dólares por empleado al mes. En una empresa de 10.000 personas, esto significaría casi 9 millones de dólares anuales en productividad destruida, si se asume que el fenómeno afecta al 40% de la plantilla. Cuatro de cada diez trabajadores dicen haber recibido este tipo de materiales, cada incidente supone casi dos horas de retrabajo y lo más grave es que un tercio lo reporta a sus jefes, mientras que un 32% admite que no quiere volver a trabajar con quien envía estos contenidos vacíos.
No hablamos solo de tiempo perdido, sino de confianza erosionada. Reportes que no dicen nada útil, correos que requieren tres rondas de aclaración, presentaciones bonitas pero sin un solo insight real: el efecto es un deterioro invisible pero muy costoso en la cultura de trabajo.
Algunas multinacionales han decidido prohibir el uso de la IA para evitarlo. Es comprensible, pero equivocado. El problema no es la herramienta, sino la forma en que la usamos. La respuesta está en la disciplina, no en la prohibición.
En mi experiencia, los equipos que definen protocolos claros de uso de IA reducen drásticamente el tiempo perdido. Un marco sencillo contra el workslop puede ser este: dar siempre un contexto específico antes de generar, validar con criterio humano en lugar de copiar y pegar, establecer métricas reales de impacto y preguntarse siempre si lo que se comparte tiene utilidad para quien lo recibe.
No se trata de preguntarnos si la IA nos sustituye o nos potencia. En mi columna pasada hablaba de la metáfora de Iron Man: la IA como un traje que amplifica nuestras capacidades humanas. Hoy quiero ir un paso más allá. La cuestión es si estamos usándola para ser más estratégicos o solo para producir más ruido. La clave no está en evitar pensar, sino en pensar mejor. La IA puede ser una fábrica de contenido vacío o un gimnasio para el criterio. Y esa elección depende de cada uno de nosotros.
Publicado en: La Republica





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